Cosmos, virus y el regreso de la Peste Negra

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Este artículo fue publicado por primera vez en 2011, en el número 13 de la revista The Dot Connector, publicación oficial de Sott.net. Traducido del inglés por es.sott.net

“Los cometas son viles estrellas. Cada vez que aparecen en el Sur, extinguen lo viejo y establecen lo nuevo. Los peces crecen enfermos, las cosechas son malas, los emperadores y la gente común mueren, y los hombres van a la guerra. Las personas odian la vida y ni siquiera quieren hablar de ello.”

Li Ch’un Feng, Director, Oficina Astronomica Imperial China, 648, d.C.

En 2007, un meteorito cayó en Puno, sureste de Perú. José Macharé – científico del Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico de Perú – dijo que la roca espacial cayó cerca de una zona barrosa en el lago Titicaca, haciendo hervir al agua durante unos diez minutos, mezclándose con el suelo y emanando una nube gris, cuyos componentes siguen siendo desconocidos. Habiendo descartado venenos radiactivos, se dice que esta nube tóxica causó dolores de cabeza y problemas respiratorios en por lo menos 200 personas de una población de 1.500 habitantes. Aparte de este evento, ¿cuántas veces hemos oído hablar de personas que se enfermen debido a una roca proveniente del espacio? ¿Qué hay de las aves, peces u otros animales? Los antiguos astrólogos citan a los cometas como malos presagios de muerte y hambre, pero ¿hay otras causas distintas de las debidas a consecuencias físico/mecánicas de la devastación por el impacto de un cometa en nuestro frágil medio ambiente sobre las cuales deberíamos conocer?

Como médica, suelo concentrarme estrictamente en temas médicos y relacionados con la salud, no en historia o catastrofismo. Sin embargo, como tantas otras personas, veo signos de cambios atmosféricos en nuestro planeta que, según muchos expertos, bien pueden ser debido al aumento de la carga de polvo cometario. Cuando leo sobre el aumento de los informes de bolas de fuego en todo el mundo, y sé que estos factores deben tener un efecto sobre la salud de los individuos y las sociedades, me siento motivada a investigar al respecto para encontrar las conexiones y así estar mejor preparada para lo puede depararnos nuestro futuro. Si nuestro planeta está entrando en un nuevo ciclo de bombardeo cometario, y si estos cometas hospedan nuevas especies de microbios desconocidos para los sistemas inmunológicos colectivos de la humanidad (como bien puede ser el caso), entonces estar prevenida es estar preparada.

De acuerdo con el fallecido Sir Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe, de la Universidad de Gales en Cardiff, los virus pueden ser distribuidos a través del espacio por el polvo en la corriente de los restos de cometas. Luego, cuando la Tierra pasa a través de la corriente, el polvo y los virus cargan nuestra atmósfera, donde pueden permanecer en suspensión durante años hasta que la gravedad los atraiga hacia abajo. Ellos comparan numerosas plagas en toda nuestra historia que coinciden con cuerpos cometarios en nuestros cielos. Estos investigadores están seguros de que los gérmenes causantes de plagas y epidemias vienen del espacio.

En una carta a Lancet [1], Wickramasinghe explica que una pequeña cantidad de un virus introducido en la estratosfera podría causar una primera tentativa de precipitación al este de la gran cordillera del Himalaya, donde la estratosfera es más delgada, seguido por esporádicos depósitos en áreas vecinas. ¿Podría esto explicar el por qué las nuevas cepas de virus de la gripe que son capaces de generar epidemias, y que son causadas ​​por mutaciones genéticas radicales, por lo general, se originan en Asia?

Wickramasinghe argumenta que aunque el virus fuese solo mínimamente infeccioso, la evolución posterior de su progreso global dependerá de de la mezcla y transporte estratosférico, lo que lleva a una caída estacional continua en unos pocos años; incluso si se hacen todos los esfuerzos razonables para contener una propagación infecciosa, la aparición de nuevos focos en casi cualquier lugar es una posibilidad.

La ciencia convencional se burla de la idea de que si existiese vida en el espacio, tales como bacterias y virus, que algunas de ellas podrían caer de forma natural en la Tierra. Mientras que algunos investigadores están de acuerdo en que el polvo cometario puede albergar materia orgánica, ellos argumentan que incluso si el polvo pueda llegar a la atmósfera de la Tierra, la entrada ardiente haría que la supervivencia de toda la materia orgánica fuera cuestionable.

Sin embargo, en un estudio publicado en la revista Meteoritics and Planetary Science [2], se detalla que aminoácidos – los bloques básicos de la vida – fueron encontrados en un meteorito, donde no se esperaba ninguno. ¿Por qué no se esperaba ninguno? Debido a que este meteorito en particular se formó cuando dos asteroides chocaron, y dicho choque lo calentó a más de 2.000 grados Fahrenheit – lo suficientemente caliente como para que todas las moléculas orgánicas complejas como los aminoácidos sean destruidas.

Los encontraron de todos modos, y su estudio cita que la posibilidad de contaminación de la muestra es muy poco probable. Además de aminoácidos, encontraron minerales que sólo se forman a altas temperaturas, lo que indica que efectivamente estaban fraguados en una violenta colisión. Jennifer Blank de SETI ha hecho experimentos con aminoácidos en el agua y el hielo, mostrando que pueden sobrevivir a presiones y temperaturas comparables a las de un impacto de bajo ángulo de un cometa en la Tierra o a la colisión de asteroide con asteroide.

El doctor Rhawn Joseph, investigador en co-autoría con Wickramasinghe en el libro Cosmología biológica, astrobiología y el origen y la evolución de la vida [3], nos dice:

“Los antiguos astrónomos chinos relataron numerosos episodios en los que cometas precedieron a la peste y al desastre. Se recogieron meticulosas observaciones del año 300 a.C. en un libro de texto conocido como “Mawangdui Silk“. En él se detallan 29 formas diferentes de cometas y los diversos desastres asociados con ellos, con datos que se remontan incluso hasta el 1500 a.C.”

Joseph señala que la Europa medieval y la América colonial son áreas donde se observó que los cometas coincidían con plagas y enfermedades, y agregó que el cometa Encke, el probable origen de lo que impactó en Tunguska y de la gripe epidémica de 1918, también coincide con estos eventos. Él escribe:

“…En 2005, los científicos del Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas en Washington, DC, resucitaron el virus de 1918 a partir de cuerpos que habían sido preservados en el suelo, permanentemente congelado, de Alaska. Pronto descubrieron que un nuevo virus se había combinado con un virus antiguo, intercambiando y recombinando sus genes, creando un híbrido que transformó las cepas atenuadas del virus de la gripe en formas mucho más mortales y patogénicas. También confirmaron que el virus de la gripe española de 1918 se originó en el cielo, infectando primero aves y luego extendiéndose y proliferando en los seres humanos.”

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La seda de Mawangdui, representa 29 diferentes formas de cometas y las diversas enfermedades y desastres asociados con ellos. Su compilado comenzó alrededor de 1500 a.C.

Joseph argumenta que los escombros cometarios, las partículas más pequeñas y algunos microbios y partículas virales unidos a los escombros cometarios impactaron en la Tierra, cayendo sobre la atmósfera superior y luego flotaron lentamente sobre las corrientes de aire, permaneciendo a veces en el aire durante años, cruzando el planeta y cayendo suavemente hacia abajo, hasta que finalmente aterrizaron suavemente en lo que sea que haya estado por debajo de ellos – ya sea mar, río, animal, vegetal o mujer y hombre. De hecho, se sabe que existen concentraciones significativas de microorganismos en la atmósfera de la Tierra, y los mismos han sido encontrados en muestras de aire recogidas en alturas que van de 41 Km. a 77 Km. Los mecanismos naturales que transportan a los microorganismos en la atmósfera son las tormentas, los volcanes, monzones y eventos de impactos cometarios.

Sabemos que el objeto de Tunguska explotó en la atmósfera, en junio de 1908, pero no fue hasta 1927 que los científicos finalmente llegaron a la zona de impacto en Siberia. No se encontraron fragmentos visibles del objeto que había explotado, pero más tarde el trabajo de campo sacó a descubierto cráteres ovalados, pequeños y de poca profundidad – de 50 a 200 metros de diámetro – similares a los de Carolina Bays, con peculiares esferas metálicas negras, brillantes. Estas esferas eran típicas de objetos extraterrestres que tienen una composición muy rica en iridio, níquel, cobalto y otros metales, y un contenido inusualmente alto de estos mismos metales fue encontrado más tarde en los núcleos de hielo de la Antártida – pero en la capa relacionada con el año 1912. [4] Esto nos dice que estos metales depositados en la estratosfera tardaron cuatro años para precipitarse sobre la Tierra. ¿Fue el objeto de Tunguska una fuente de nuevas cepas de virus nunca antes vistos en la Tierra?

Un estudio llevado a cabo en las cercanías del lugar del Fenómeno Tunguska encontró concentraciones significativas de microorganismos cultivables en los cielos del sudoeste de Siberia, en un rango de altitud de 0,5 a 7 Km., rango similar a la altura de 5 a 10 Km., donde el objeto espacial de Tunguska interactuó con la atmósfera terrestre. [5]

Joseph nos recuerda que los microbios que prosperan en el frío son los colonizadores más exitosos de este planeta. De hecho, están perfectamente adaptados a la vida en algún objeto astral congelado que viaja a través del espacio.

El impacto a largo plazo de las temperaturas bajo cero no debe ser considerada como extrema y limitante sino más bien como un factor de estabilidad apoyando la viabilidad de los microorganismos” (D. A. Gilichinsky, “Permafrost Model of Extraterrestrial Habitat” in G. Horneck & C. Baumstark-Khan, Astrobiology, Springer, 2002).

Apoyando esto, se sabe que Richard Hoover de la NASA descubrió microorganismos en profundos núcleos de hielo de más de 4.000 años de antigüedad, perforados en el lago Vostok, cerca del Polo Sur. Estas criaturas fueron encontradas en asociación con antiguas partículas de polvo cósmico que habían caído desde el espacio. Por otra parte, los microbios recuperados del Lago Vostok aumentaban en número en relación con el número creciente de las partículas de polvo. (S. Abyzov et al, Microbiologiya, 1998, 67:. 547) [3]

Joseph y Wickramasinghe también han revisado y presentado pruebas de que los microbios pueden viajar de planeta en planeta y de sistema solar a sistema solar encajonados en asteroides, cometas y otros desechos estelares, y que pueden sobrevivir al impacto y al calor de eyección y reentrada en la atmósfera. Esta es la llamada teoría de la Panspermia. [6]

Ellos argumentan que los microbios y los virus pueden intercambiar y adquirir ADN, y este argumento se apoya en un estudio reciente publicado en Nature Communications [7], que arroja luz sobre cómo las bacterias incorporan ADN extraño por la invasión de virus en sus propios procesos regulatorios. Thomas Wood, profesor en el Departamento de Ingeniería Química Artie McFerrin de la Universidad de Texas A & M, explica cómo los virus se replican a sí mismos invadiendo las células bacterianas y se integran a los cromosomas de las bacterias. Cuando esto sucede, una bacteria hace una copia de su cromosoma, que incluye la partícula del virus. El virus puede entonces elegir en un momento posterior replicarse a sí mismo, matando a la bacteria. Habiéndose ya integrado en el cromosoma de la bacteria, el virus también está sujeto a la mutación.

La Peste Negra revisitada

La Peste Negra se movió implacablemente hacia el norte a través de Europa como una ola gigante. Su progreso fue muy rápido en las primeras etapas, desde diciembre de 1347 a junio de 1348, cuando se extendió a través de Italia y Francia, España y los Balcanes. Cruzando los Alpes y los Pirineos, con el tiempo llegó a Suecia, Noruega y el Báltico en diciembre de 1350. Muchas aldeas fueron totalmente despobladas y desaparecieron, pero la progresión de la enfermedad también incluye zonas de total supresión. La Peste Negra permaneció en Europa durante los próximos tres siglos, desapareciendo finalmente en el siglo XVII, en 1670, cuando aparentemente estaba en su máxima potencia.

Inspirada por la Peste Negra, La Danza de la Muerte es una alegoría sobre la universalidad de la muerte y un motivo frecuente en la pintura del último período medieval.

Inspirada por la Peste Negra, La Danza de la Muerte es una alegoría sobre la universalidad de la muerte y un motivo frecuente en la pintura del último período medieval.

¿Por qué apareció, se propagó y desapareció como lo hizo? Un nuevo y único virus formado bajo condiciones facilitadas por los impactos cósmicos podría ser letal para una población que no esté previamente inmunizada (en este caso, refiriéndome a la inmunidad natural) en contra del mismo. Pero a medida que se adquiere la inmunización dentro de una población, el curso de la enfermedad o la enfermedad en sí misma puede cambiar.

Hay pruebas convincentes de que la Peste Negra no fue un brote de peste bubónica, sino que en realidad fue causada por un virus hemorrágico. Este caso se sintetiza en el libro Return of the Black Death [8], en el que Susan Scott y Christopher Duncan, de la Universidad de Liverpool, cuidadosamente colocan todas las pistas disponibles, siguiendo la pista de la plaga desde su primera aparición de la nada y describiendo sus efectos catastróficos sin precedentes en la civilización Europea – muerte a una escala que es inimaginable, pero que muy bien podría suceder de nuevo, en cualquier momento.

Al estudiar los archivos parroquiales y los datos históricos registrados en las provincias inglesas, usando la información sobre eventos críticos en la vida de personas reales y modelos informáticos, Duncan y Scott no sólo fueron capaces de conjeturar la cantidad de tiempo desde la aparición de los síntomas hasta la muerte, sino también establecer los siguientes hechos acerca de la pandemia:

– Se registró un brote siendo iniciado por un viajero o un extraño o por un habitante que había regresado de un lugar donde se sabía que la plaga estaba siendo atroz.
– La plaga se comportó exactamente de la misma manera en cada brote.
– Hubo, sin embargo, dos tipos diferentes de epidemias en Inglaterra, que se rige por el tamaño y la densidad de la población.
– La epidemia típica en toda regla duró ocho o nueve meses – desde la primavera hasta diciembre.
– La tasa de mortalidad era a menudo del 40% de la población, aunque no tenían ninguna forma de medir cuántas personas habían huido ante los primeros signos de problemas.

No sólo eso, sino que también fueron capaces de establecer estas estadísticas vitales de la plaga:

– Periodo latente: 10 a 12 días.
– Período infeccioso antes de la aparición de los síntomas: 20 a 22 días
– Período de incubación: 32 días
– Tiempo medio mostrando síntomas antes de la muerte: 5 días
– Total del periodo infeccioso: unos 27 días, asumiendo que la víctima permanecía infectada hasta la muerte, aunque es posible que la capacidad de infección disminuían una vez que los síntomas aparecían.
– Tiempo promedio desde el punto de infección hasta la muerte: 37 días..

Los autores se asombraron cuando fueron capaces de resolver la duración de estas estadísticas en más de 50 brotes de peste diferentes en Inglaterra y verificar la duración de los períodos latentes e infecciosos muchas veces. La correspondencia con el período universal de 40 días de “cuarentena” establecido como profilaxis de éxito durante la época de la plaga apoyó sus conclusiones. A partir de los datos disponibles en otros países, argumentan convincentemente que estas estadísticas se aplican a la Peste Negra en toda Europa. Era evidente que la clave del éxito de la peste en la Edad Media estaba en su período de incubación excepcionalmente largo.

Cada enfermedad infecciosa tiene un período de incubación que se extiende desde el momento en que una persona está infectada hasta cuando aparecen los primeros síntomas, y un período de contagio, que es el tiempo durante el cual el portador puede transmitir la infección a otras personas. La infección es seguida por un período de latencia durante el cual los gérmenes se multiplican hasta que la víctima se convierte en infecciosa. Si este periodo de latencia es más corto que el período de incubación, una persona infectada será infecciosa antes de que los síntomas aparezcan y él o ella podrían transmitir la enfermedad a los demás sin saberlo. Con el tiempo, la enfermedad sigue su curso en el cuerpo y para que la infección persista, debe haber infectado al menos a una persona más.

Entre los síntomas de la peste se manifestaban los siguientes:

– La víctima generalmente mostraba síntomas durante unos cinco días antes de morir. Pero de acuerdo a datos actuales, este período podría haber sido entre dos a doce días.
– La principal característica de diagnóstico era la aparición de manchas hemorrágicas, a menudo de color rojo, pero abarcando colores de azul a púrpura y del anaranjado al negro. A menudo aparecían en el pecho, pero también se observaron en la garganta, los brazos y las piernas y estaban causadas ​​por sangrado debajo de la piel a causa de capilares dañados. Estos fueron los llamados “indicios” de Dios”.
– Varias inflamaciones también fueron características de la enfermedad: carbúnculos, ulceras ardientes y bubones, que eran las glándulas linfáticas inflamadas en el cuello, las axilas y la ingle. Si los bubones no lograban crecer y explotar, había pocas posibilidades de sobrevivir, pero si se rompían, la fiebre al parecer disminuía.
– Fiebre, vómitos continuos, diarrea y sangrado prolongado de la nariz eran características adicionales. Además, la orina sanguinolenta, una sed ardiente, y en algunos, la locura y el delirio.
– Las autopsias revelaron necrosis generalizada de los órganos internos. Era sin duda una manera espantosa de morir. La víctima fallecía por la muerte y licuefacción literal de los órganos.

Ya que nadie había estado expuesto a la enfermedad antes, casi todos los que hacían contacto efectivo con una persona infectada contraían la enfermedad y morían, pero hubo informes de algunas personas que aparentemente tenían una protección natural contra esta nueva enfermedad. ¿Podrían sus antepasados ​​haber estado expuestos a una plaga similar en el pasado? ¿O es que tenían mutaciones particulares que los hacían inmunes o su sistema inmunológico era lo suficientemente fuerte como para luchar contra tal enfermedad?

¿Y que hay sobre la peste bubónica?

Contra todo pronóstico, la peste bubónica era considerada como la causa de la Peste Negra de manera universal e inequívoca, a pesar del hecho que esto esté establecido como un hecho biológicamente imposible.

Ilustración de la Peste Negra de la Biblia Toggenburg (1411).

Ilustración de la Peste Negra de la Biblia Toggenburg (1411).

La peste bubónica es una enfermedad transmitida por roedores y su infección se transmite a las personas desde las ratas a través de las pulgas. El agente infeccioso es la Yersinia pestis. Algunas ratas son muy vulnerables y mueren, mientras que otras son resistentes y pueden sobrevivir a la infección. Esta es una clave importante, ya que la enfermedad va a desaparecer si todas las ratas son muy vulnerables, mientras que persistirá en las zonas donde hay un equilibrio entre las ratas susceptibles y las resistentes.

Scott y Duncan explican como la Yersinia pestis nunca ha persistido en algún roedor europeo, ya que no son resistentes. Además de eso, la única especie de ratas en Europa llegó cerca de 60 años después de la última plaga Europea y tampoco podría sobrevivir sin un clima cálido, por lo que es imposible que propaguen una infección de manera rápida y salvaje durante el invierno. Ellos argumentan que:

“… Se sabe que la Peste Negra se transmitió a través del mar a Islandia y que habían dos epidemias graves y bien autentificadas en el siglo XV. […] Sin embargo, se sabe que las ratas no estuvieron presentes en la isla durante los tres siglos de la Peste Negra. Las infecciones continuaron durante el invierno, cuando la temperatura media era inferior a -3 grados centígrados, donde no es posible la transmisión por pulgas. También se entiende que no existe ninguna mención referente a la mortalidad de ratas en los manifiestos durante la Peste Negra. Una temperatura entre 18 grados y 27 grados centígrados y una humedad relativa del 70% son ideales para la puesta de huevos de pulgas, mientras que temperaturas inferiores a 18 grados inhiben este proceso. Los investigadores han recogido todos los datos climatológicos disponibles para el centro de Inglaterra durante la Peste Negra y en ningún momento la temperatura media de julio y agosto estuvo por encima de 18,5 grados Celsius.”

Ni Gran Bretaña, ni mucho menos Islandia o Suecia, tenían un clima capaz de sostener brotes estacionales regulares de la peste bubónica transmitida por pulgas. Desde el principio, la gente de la Europa medieval se dio cuenta que se trataba de una enfermedad contagiosa que se propagaba directamente de una persona a otra, no una enfermedad asociada a, o procedente de las ratas.

Hay dos formas de peste bubónica en seres humanos: bubónica y neumónica. Los pacientes con peste bubónica no son contagiosos para otras personas. La peste neumónica es contagiosa, apareciendo en aproximadamente el 5% de los casos de peste bubónica; es decir, no puede ocurrir en ausencia de la forma bubónica y no puede persistir de forma independiente. Esto ocurre cuando la bacteria llega a los pulmones, y el tiempo desde la infección hasta la muerte de la peste bubónica/neumónica es de 5 días, no 37.

Scott y Duncan tuvieron en cuenta ciertos factores que focalizan aún más al agente causante de la muerte Negra como un virus. El agente infeccioso también parecía haber sido notablemente estable; si había mutaciones, estas no cambiaron el curso de la enfermedad, al menos no durante 300 años. Se cree que la plaga se había contagiado por infección por gotitas; se consideraba seguro si uno se mantenía por lo menos a 4 metros (13 pies) de distancia de una persona infectada al aire libre. Lo más interesante de todo, es que existe una fuerte selección genética entre las poblaciones europeas en favor de la mutación CCR5-Δ32. Esta mutación resulta en la eliminación genética de una porción del gen CCR5 que codifica una proteína que es un puerto de entrada utilizado por algunos virus. Esta mutación hace que un homocigoto portador sea resistente a las infecciones del virus VIH-1, y puede haberlos hecho resistentes a la Peste Negra.

Ningún virus conocido existente en la actualidad es responsable de la Peste Negra, aunque los síntomas se parecen a los de Ebola, Marburg y las fiebres hemorrágicas virales – enfermedades causadas por filovirus. Tienen una alta tasa de mortalidad y tienden a ocurrir en epidemias explosivas impulsadas por la transmisión de persona a persona. Los brotes se producen de manera imprevisible y, hasta el momento, ningún reservorio animal es conocido.

Se han descrito plagas similares en la antigüedad, por ejemplo, la devastadora epidemia que asoló Atenas en el año 430 a.C., y Joseph y Wickramasinghe sugieren que el agente causante de la misma también fue un evento cometario. [9] Al igual que con la Peste Negra, la epidemia en Atenas fue localizada geográficamente, se redujo y desapareció tan abruptamente como había comenzado, ninguna enfermedad conocida actualmente se ajusta a la descripción realizada por el historiador Tucídides.

Una escena que muestra a los monjes, desfigurados por la plaga, siendo bendecidos por un sacerdote. Inglaterra, 1360-1375.

Una escena que muestra a los monjes, desfigurados por la plaga, siendo bendecidos por un sacerdote. Inglaterra, 1360-1375.

¿A dónde se han ido estas enfermedades? ¿Habrá mutado el virus de la Peste Negra, convirtiéndose en la causa de otras temibles enfermedades? Lo que sí sabemos es que una forma más virulenta de viruela apareció en la década de 1630 y, justo cuando la Peste Negra desapareció de la escena de la historia, la viruela tomó su lugar como la más temida de las enfermedades humanas. Sólo podemos especular. El virus de la viruela, en oposición con el agente causante de la Peste Negra, es muy resistente a las temperaturas frías, por lo que es un virus más viable. Según los datos recogidos por Scott y Duncan que describen el proceso de la enfermedad de la Peste Negra, la viruela hemorrágica es casi prácticamente idéntica a la Peste Negra.

¿Pero hubo impactos cometarios en los tiempos de la Peste Negra?

Si usted lee el articulo especial de la revista The Dot Conector, edición 11, (ver también La Edad de Oro, la Psicopatía y la Sexta Extinción) usted probablemente sabe que la respuesta es positiva. Los brotes de plagas a menudo coincidían con un contexto de escasez de alimentos, hambrunas, inundaciones, levantamientos campesinos y guerras religiosas. En algunos países, hubo erupciones volcánicas, terremotos y hambrunas. Y no sólo los brotes de peste coinciden con impactos cometarios, sino que los terremotos mismos bien pueden haber sido indicios de impactos cometarios. El dendrocronólogo Mike Baillie de la Universidad de Queen, Belfast, Irlanda, trata este asunto en su libro Nueva luz sobre la Peste Negra: La conexión cósmica. [10]

Baillie comparó anillos de árboles con datos de muestras de núcleos de hielo que habían sido analizados, descubriendo amonio. Ahora, hay una conexión entre el amonio en los núcleos de hielo y el bombardeo extraterrestre de la superficie de la Tierra por lo menos en cuatro ocasiones en los últimos 1.500 años: 539, 626, 1014 y 1908 – el evento de Tunguska. Baillie no solo muestra que exactamente la misma firma está presente en los tiempos de la Peste Negra, tanto en los anillos de los árboles como en las muestras de hielo, sino también en tiempos durante las llamadas “plagas y pandemias”. Baillie señala que los terremotos podrían ser causados ​​por explosiones de cometas en la atmósfera o incluso por los impactos en la superficie de la Tierra. De hecho, la señal de amonio en los núcleos de hielo está conectada directamente a un terremoto que ocurrió el 25 de enero de 1348. Él relaciona esto con las manifestaciones en el siglo 14 que decían que la plaga era “la corrupción de la atmósfera” que sobrevino de este terremoto.

Cometa de 1681.

Cometa de 1681.

El concepto de cuerpos astrales que cruzan la atmósfera de la Tierra o que impactan la Tierra directamente, depositando microbios y virus en la misma, que pueden combinarse con microbios terrestres, produciendo así nuevas cepas de virus y contribuir así con la evolución y las enfermedades, es de enormes proporciones para decirlo a la ligera. ¿Qué podemos hacer para contrarrestar esas amenazas infecciosas? ¿Podrían los cambios en la dieta influir en la aparición y desaparición de enfermedades?

Sabemos que el período comprendido entre los años 500 y 1300 vio un cambio importante en la dieta que afectó a la mayor parte de Europa, un período que precedió a la Peste Negra. Una agricultura intensiva, ocupando cada vez mayor superficie, resultó en un cambio desde la ingesta de carne a ingerir varios granos y verduras como el alimento básico de la mayoría de la población. La carne era más cara y por lo tanto más prestigiosa y, por lo general en la forma de animales de caza; era común sólo en las mesas de la nobleza que, de acuerdo con algunas crónicas, apenas se vio afectada por la Peste Negra. Así que muy bien podría ser que el consumo de carne es una protección nutricional contra enfermedades de diversas índoles, incluyendo la Peste Negra (el registro arqueológico del Paleolítico ciertamente apoya esta idea).

Sabemos que los granos son fuentes de gluten, una proteína que es bastante difícil de digerir y a la cual cada vez más personas son intolerantes por su hibridación moderna para fines industriales. Los antinutrientes tales como las lectinas en granos son conocidos por ser tóxicos. La lectina de trigo es conocida por ser pro-inflamatoria, inmunotóxica, neurotóxica, citotóxica, cardiotóxica y puede interferir con la expresión de los genes, alterar la función endocrina, puede afectar negativamente a la función gastrointestinal y – sorpresa – las lectinas comparten similitudes patogénicas con ciertos virus [11] Una población con el pan como alimento básico es, sin duda, susceptible a la enfermedad y, en última instancia, a la pandemia.

Como lo fue entonces, hoy en día somos igualmente vulnerables debido a la industrialización de nuestro suministro de alimentos. Alimentos nutricionalmente deficientes, además del consumo generalizado de cereales, sumado a la abrumadora toxicidad de nuestro entorno (metales pesados, fluoruro, aditivos tóxicos en los alimentos, etc), nos han preparado como una población perfecta para su destrucción por el regreso de la Peste Negra.

Referencias

1. Chandra Wickramasinghe, Milton Wainwright & Jayant Narlika. SARS – a clue to its origins? The Lancet, vol. 361, May 23, 2003, pp 1832.

2. Daniel P. Glavin, Andrew D. Aubrey, Michael P. Callahan, Jason P. Dworkin, Jamie E. Elsila, Eric T. Parker, Jeffrey L. Bada, Peter Jenniskens & Muawia H. Shaddad. Extraterrestrial amino acids in the Almahata Sitta meteorite. Meteoritics & Planetary Science, vol. 45 (10-11), October/November 2010, pp 1695-1709.

3. Rhawn Joseph Ph.D, Rudolf Schild Ph.D. & Chandra Wickramasinghe Ph.D. Cosmología biológica, astrobiología y el origen y la evolución de la vida. Cosmology Science Publishers, 2010.

4. Ganapathy, R. The Tunguska explosion of 1908 – Discovery of meteoritic debris near the explosion site and at the South Pole. Science, vol. 220, June 10, 1983, pp 1158-1161.

5. Rina S. Andreeva, Alexander I. Borodulin, et al. Biogenic Component of Atmospheric Aerosol in the South of West Siberia. Chemistry for Sustainable Development, 10, 2002, pp 532-537.

6. Chandra Wickramasinghe. Life from space: astrobiology and panspermia. February 2009. The Biochemical Society. http://www.panspermia.org/biochemistfeb09.pdf

7. Xiaoxue Wang, Younghoon Kim, Qun Ma, Seok Hoon Hong, Karina Pokusaeva, Joseph M. Sturino & Thomas K. Wood. Cryptic prophages help bacteria cope with adverse environments. Nature Communications, vol. 1 (9), 2010, pp 147.

8. Susan Scott & Christopher Duncan. Return of the Black Death: The World’s Greatest Serial Killer. Wiley, 2004.

9. Rhawn Joseph, Ph.D. & Chandra Wickramasinghe, Ph.D. Comets and Contagion: Evolution and Diseases From Space. Journal of Cosmology, vol. 7, 2010, pp 1750-1770.

10. Mike Baillie. Nueva luz sobre la Peste Negra: La conexión cósmica. Tempus, 2006.

11. Sayer Ji. Opening Pandora’s Bread Box: The Critical Role of Wheat Lectin in Human Disease. Journal of Gluten Sensitivity, Winter 2009.

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Sobre el autor:

I’m a former heart surgeon who after learning all about the heart and repairs of same from a strictly mechanical point of view, had decided to embark on a healing journey. I was born into a mixed Eastern-Western family and I’ve had the amazing opportunity to live in several countries. I currently work as a countryside family doctor and I spend my time researching all things related to health and wellness and the true nature of our world.
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