Liderando una catástrofe de enfermedad cardiovascular, la Asociación Americana del Corazón aboga por una dieta vegetariana

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Los vegetarianos estaban celebrando el mes pasado porque un estudio publicado por la Asociación Americana del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés) encontró que una dieta a base de plantas estaba asociada con un riesgo reducido -en un 42%, supuestamente- de insuficiencia cardíaca.

En su artículo sobre este estudio, Susan Bird, escritora independiente y vegetariana, citó accidentalmente un estudio diferente (publicado el mismo día por la AHA) sobre el café, los accidentes cerebrovasculares y la insuficiencia cardíaca, en el que los investigadores analizaban datos del Framingham Heart Study.

En este estudio sobre la relación entre el café y los ataques cardíacos, los investigadores descubrieron que beber café se asociaba con una disminución del 7% en el riesgo de insuficiencia cardiaca, y de 8% en lo referente a accidentes cerebrovasculares, disminución aún más marcada por cada taza adicional de café consumida por semana, en comparación con los que no beben café.

También notaron que consumir carne roja estaba asociado con una disminución del riesgo de insuficiencia cardíaca y accidentes cerebrovasculares. Sin embargo, la AHA recomendó que la gente “limite la carne roja, que es alta en grasas saturadas, como parte de un patrón dietético saludable que debe dar la prioridad a frutas, vegetales, granos enteros, productos lácteos bajos en grasa, aves y pescado”.

Abogar por la reducción del consumo de carne basada en un estudio que halló que el consumo de carne roja se asociaba con una disminución del riesgo de insuficiencia cardíaca y accidentes cerebrovasculares es, como mínimo, poco serio.


En el estudio del café/infartos, se aclara que los datos analizados provenían del Framingham Heart Study – el estudio clave que ayudó a cementar la demonización de las grasas.

El nombre de este estudio deriva de un pequeño pueblo cerca de Boston, Massachusetts. Después de 6 años de estudio, los investigadores de Framingham anunciaron que un nivel de colesterol alto era un indicador fiable para predecir enfermedades cardiacas.

Revistas médicas, conferencias y muchos otros recursos difundieron las noticias por todas partes. Con el tiempo, todos lo sabían y sabían que sus conclusiones eran impecables.

William Kannel, el director médico de Framingham, fue citado diciendo que: “El colesterol en sangre y el hecho de que está de alguna manera íntimamente relacionado con la aterosclerosis coronaria, ya no está sujeto a duda razonable”. (Teicholz, 2014, p. 65)

Sin embargo, treinta años después, en el estudio de seguimiento de Framingham —cuando había más datos disponibles— se reveló un panorama diferente. Teicholz informa:

“Resultó que el poder predictivo del colesterol total no era tan fuerte como los líderes del estudio habían pensado originalmente. Para los hombres y mujeres con colesterol entre 205 y 264 miligramos por decilitro (mg/dL), no se pudo encontrar ninguna relación entre estos números y el riesgo de enfermedad cardiaca. De hecho, la mitad de las personas que tuvieron ataques cardiacos tenían niveles de colesterol por debajo del nivel “normal” de 220 mg/dL. Y para los hombres de 48 a 57 años, aquellos con colesterol en el rango medio (183-222 mg/dL) tuvieron un mayor riesgo de muerte por ataque cardiaco que aquellos con colesterol más alto (222-261 mg/dL). Finalmente, el colesterol total resultó no ser un indicador fiable de la enfermedad cardiaca.

Debido a que los líderes de Framingham habían estado promoviendo al colesterol total como el mejor factor de riesgo posible para la enfermedad cardiaca durante tantos años, no se esforzaron mucho por dar a conocer estos números de seguimiento más débiles cuando salieron a finales de 1980. (Pronto desviarían la conversación hacia las subfracciones de colesterol, conocidas como lipoproteínas de alta densidad [HDL] y lipoproteínas de baja densidad [LDL], que ahora se podían medir y cuyos poderes predictivos eran más prometedores, aunque incluso aspectos de estas subfracciones resultaron decepcionantes al final)…

Los datos de Framingham tampoco mostraron que bajar el colesterol con el tiempo fuera remotamente útil. En el informe de seguimiento a treinta años, los autores declaran: “Por cada 1% mg/dL de caída del colesterol hubo un aumento del 11% en la mortalidad coronaria y total”. Este es un hallazgo impactante, lo opuesto a la línea oficial de reducción del colesterol. Sin embargo, este hallazgo particular de Framingham nunca se discute en las revisiones científicas, a pesar de que muchos ensayos importantes han obtenido resultados similares (Teicholz, 2014, p. 65-66).”

George Mann, director asociado del Estudio cardiaco de Framingham, pasó dos años con un nutricionista que recolectó los datos de consumo de alimentos de mil sujetos, y cuando calculó los resultados en 1960, estaba muy claro que la grasa saturada no estaba relacionada con la enfermedad cardiaca.

En cuanto a la incidencia de cardiopatía coronaria y la dieta, los autores concluyeron, simplemente que : “No se encontró ninguna relación”.

“‘Esto no les hizo gracia a mis superiores en el NIH [Institutos Nacionales de Salud],” me dijo Mann, “porque era contrario a lo que querían que encontráramos”. Los NIH también se inclinaron hacia la hipótesis dietética-corazón desde principios de los años 60, y “no nos permitieron publicar esos datos”, dice. Los resultados de Mann permanecieron en el sótano de una sede del NIH por casi una década. (Ocultar información científica “es una forma de hacer trampa”, se lamentó Mann.) E incluso cuando los hallazgos finalmente salieron a la luz en 1968, fueron enterrados tan profundamente que un investigador tendría que escarbar a través de veintiocho volúmenes para encontrar la noticia de que las variaciones en los niveles de colesterol sérico no se debían a la cantidad o tipo de grasa consumidos.

De hecho, no fue sino hasta 1992 cuando un líder del estudio Framingham reconoció públicamente los hallazgos del estudio sobre la grasa. “En Framingham, Mass, mientras más saturada la grasa que uno comía… más bajo era el colesterol sérico de la persona… y más bajaba de peso”, escribió William P. Castelli, uno de los directores de Framingham, y publicó esta admisión no como un hallazgo formal del estudio, sino como editorial en una revista que la mayoría de los médicos normalmente no leían (Teicholz, 2014, p. 67).’

Para más información, no se pierda el libro de Nina Teicholz, The Big Fat Surprise (“La gran sorpresa de la grasa”).

Los investigadores de la AHA especifican que su reciente estudio dietético a base de plantas “fue observacional, lo que significa que puede identificar una tendencia o asociación, pero no puede probar causalidad y efecto”. No me sorprendería si su afirmación de que es la mejor opción de estilo de vida para compensar el riesgo de fallos cardíacos se basara en suposiciones falsas.

Además, el estudio se basa en información analizada y recogida de un estudio observacional realizado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH). Sí, el mismo NIH que dejó los resultados de George Mann en el sótano por casi una década porque contradecía su hipótesis privilegiada de la dieta y el corazón.

La AHA es infame por sus conflictos de intereses. Escribí sobre uno de ellos en Una deshonra para la Asociación Americana del Corazón: Los intereses corporativos son más importantes que la salud humana:

“En un esfuerzo por apoyar la salud del corazón y mejorar el bienestar de los estadounidenses en zonas rurales a nivel nacional, Bayer está orgullosa de anunciar su apoyo a la Asociación Americana del Corazón (AHA). El emprendimiento, que se extiende a través de 2017, apoya el movimiento Saludable para SiempreTM de la AHA para inspirar a todos los estadounidenses a vivir más sanamente y crear un cambio duradero al tomar pasos pequeños y simples hoy, con el fin de dar lugar a una mejoría en las generaciones venideras.

Por cada bolsa de frijoles/habichuelas de soja LibertyLink®que se venda para la temporada 2017, Bayer contribuirá 5 centavos al movimiento de la AHA Saludable para Siempre para una donación total máxima de 500.000 dólares.

Poco después, AHA emitió un nuevo informe presidencial en la prestigiosa revista Circulation, con las siguientes conclusiones:

“Concluimos enfáticamente que reducir la ingestión de grasas saturadas y reemplazarlas con grasas insaturadas, especialmente grasas poliinsaturadas, reducirá la incidencia de la CVD [enfermedad cardiovascular].” (Sacks et al., 2017)”

Como sucede, el aceite de soja es rico en esas grasas poliinsaturadas – que son literalmente un veneno para su cuerpo.

En la misma línea, alguien más insinuó el conflicto de interés vegano de la AHA:

[Indudablemente se deberían declarar las opiniones junto con los lazos financieros. Un informe reciente de la AHA informó eso, sin embargo, omitieron decirnos que ellos son veganos/vegetarianos]

Y la AHA no es la única:

“Gran Pista para quienes comen carne: El nuevo presidente del Colegio Americano de Cardiólogos es vegano

Cuando los médicos hacen cambios significativos en el estilo de vida por razones de salud, tendemos a sentarnos y tomar nota. Bueno, presten atención todos. El nuevo líder del Colegio Americano de Cardiólogos es vegetariano, y cree que usted también debería serlo.”

Si se supone que los médicos deben ser ejemplos a seguir, entonces quizás éste sea un médico a quien deberíamos prestar atención:

“¡Oh la ironía! El presidente de la Asociación Americana del Corazón sufre un ataque cardíaco

El pasado lunes, el presidente de la AHA, John Warner, se ausentó de las sesiones científicas de la AHA con su familia después de sufrir un infarto leve durante la conferencia científica más importante de la organización.

Warner, cardiólogo en funciones y director ejecutivo de UT Southwestern University Hospitals en Dallas, tuvo un episodio el lunes por la mañana. Fue trasladado a un hospital local, donde los médicos le colocaron un stent para abrir una arteria obstruida.”

No olvidemos que la AHA preside una catástrofe de enfermedades cardiovasculares, y que las pautas dietéticas de la organización son al menos un factor contribuyente:

Nota: Un agradecimiento a es.sott.net por la traducción de este artículo originalmente escrito en inglés. Si quieres contribuir a es.sott.net para la difusión en español de información originalmente disponible solo en inglés, visite esta página.

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Sobre el autor:

I’m a former heart surgeon who after learning all about the heart and repairs of same from a strictly mechanical point of view, had decided to embark on a healing journey. I was born into a mixed Eastern-Western family and I’ve had the amazing opportunity to live in several countries. I currently work as a countryside family doctor and I spend my time researching all things related to health and wellness and the true nature of our world.
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