Estatinas: ¿La verdadera razón por la que las directrices oficiales todavía demonizan las grasas a pesar de la evidencia?

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Plato hecho a base de manteca de cerdo de la Toscana, ¡una verdadera comida mediterránea!

Nina Teicholz, periodista de investigación y autora del best-seller internacional The Big Fat Surprise, escribió un artículo para el BMJ (anteriormente British Medical Journal) en septiembre de 2015, que argumenta la insuficiencia del asesoramiento científico que sustenta las directrices dietéticas (Teicholz, 2015). El título del artículo era “The scientific report guiding the U.S. dietary guidelines: is it scientific?” (“El informe científico que guía las directrices dietéticas de EEUU: ¿es científico?”). Ian Leslie, en un artículo para The Guardian, informa que la respuesta del establishment nutricional fue feroz: 173 científicos (algunos de los cuales se encontraban en el panel asesor y muchos cuyos trabajos habían sido criticados en el libro de Teicholz) firmaron una carta al BMJ, exigiendo que se retractara por el artículo (Leslie, 2016). Destacados científicos cardiovasculares y nutricionales de 19 países pidieron la retracción. Sin embargo, hasta la fecha, el artículo sigue publicado. La BMJ ha anunciado oficialmente que no se retractará por la investigación revisada por pares después de afirmar que dos expertos independientes llevaron a cabo revisiones formales posteriores a la publicación del artículo y no encontraron motivos para retractarse (Sboros, 2016).
Sin embargo, detrás de cada práctica médica convencional, cada día se siguen fielmente pautas estrictas cuestionables. Los médicos todavía están persiguiendo metas de niveles de colesterol que a menudo son inalcanzables sin medicamentos reductores del colesterol, pero muchos tratan de alcanzar sus objetivos con dietas extremadamente bajas en grasa, recomendadas irresponsablemente en las pautas dietéticas.

Desafortunadamente, el resto del mundo ha adoptado estos cambios en la dieta. Los alimentos tradicionales altos en grasa han sido abandonados en favor de la estafa de la poca grasa. Los promotores de la tan aclamada dieta mediterránea, con su aceite de oliva y “bajo contenido de grasa animal”, no mencionan el hecho de que entre los mediterráneos todavía existen recetas con un alto contenido graso que se transmiten de generación en generación. Lardo di Colonnata con sus tiras curadas de tocino y hierbas y especias; la barbacoa griega que a menudo implica un cordero entero asado en una brocheta; o el kokoretsi que se hace de los órganos internos del cordero (el hígado, el bazo, el corazón, las glándulas) enhebrado en pinchos junto con la membrana grasa de los intestinos del cordero; todos éstos son alimentos de los longevos mediterráneos. Sin embargo, la “Dieta Mediterránea al estilo americano” hace una selección particular de los alimentos de la dieta de la gente mediterránea para dar la imagen que desean. Irónicamente, muchos de los pueblos mediterráneos han adoptado esta versión americanizada de la “Dieta Mediterránea”.

La verdad es que el colesterol es una sustancia que nuestro cuerpo produce naturalmente, y es absolutamente esencial para nuestra salud. El colesterol es tan crucial que el cuerpo produce unos 1000-1400 miligramos cada día, principalmente en el hígado. El colesterol también se sintetiza en menor medida en las glándulas suprarrenales, los intestinos, los órganos reproductores, etc.

Las “Instituciones Oficiales de Control del Pensamiento” nos dicen que limitemos el consumo a menos de 300 miligramos de colesterol por día, pero la producción de nuestro hígado de colesterol está controlada por un mecanismo de retroalimentación basado en cuánto comemos. Si comemos mucho colesterol, producimos menos, dejando disponible la energía hepática necesaria para otras tareas importantes. Si comemos poco colesterol, sustituyéndolo por carbohidratos y aceites vegetales, entonces el cuerpo producirá el colesterol a partir de estas materias primas de la dieta. Sin embargo, una dieta alta en carbohidratos y aceite vegetal produce un perfil de colesterol muy malo incluso cuando el colesterol está en el rango normal. Si casi no comemos colesterol y bloqueamos su producción con medicamentos para bajar el colesterol, entonces estamos limitando el suministro de algo que el cuerpo necesita desesperadamente para su funcionamiento adecuado. Sin embargo, las estatinas, medicamentos para bajar el colesterol, se encuentran entre los medicamentos más lucrativos en la historia del mundo.

La restricción o eliminación del colesterol en la dieta sobrecarga al hígado, que ahora tiene que producirlo en exceso a través de su enzima HMG-CoA reductasa a partir de los alimentos en nuestra dieta. Esta enzima es la que está bloqueada por las drogas estatinas con el propósito de reducir la cantidad de colesterol que el cuerpo produce. Pero, como con todos los productos farmacéuticos, tiene un precio. La HMG-CoA reductasa es también la enzima necesaria para la creación de la coenzima Q10 (CoQ10), que es un nutriente clave para la producción de energía en nuestras células. La CoQ10 también es un importante antioxidante. Las personas se quejan de calambres o dolores musculares mientras toman estatinas. Tenga en cuenta que su corazón también es un músculo. Coincidencia o no, la incidencia de insuficiencia cardíaca congestiva ha aumentado durante el tiempo en que las estatinas han sido un medicamento de mayor venta. Incluso cuando las estatinas no son responsables del aumento de la prevalencia de insuficiencia cardíaca congestiva durante las últimas décadas, no necesariamente es deseable disminuir los niveles de CoQ10 en un corazón con insuficiencia cardíaca.

La coenzima Q10 (también llamada ubiquinona, que significa “que se produce en todas partes”) desempeña un papel importante en la fabricación de ATP, el combustible de nuestras células. Está presente en cada célula de nuestro cuerpo, especialmente en las células muy activas de nuestros corazones. Privar el corazón de la CoQ10 es como quitarle la bujía a un motor. Simplemente no funcionará. Los niveles bajos de CoQ10 están relacionados con prácticamente todas las enfermedades cardiovasculares incluyendo la angina, la hipertensión, la cardiomiopatía y la insuficiencia cardíaca congestiva (Sarter, 2002). Es irónico que las estatinas, para la “salud del corazón”, bloquean la coenzima Q10.

Los muchos efectos secundarios potenciales de las estatinas incluyen depresión, confusión, problemas de memoria e incapacidad para concentrarse. Esto dificulta la capacidad de nuestro cuerpo para luchar contra los microbios, aumenta el daño hepático, aumenta el riesgo de cáncer, fatiga, impotencia, insuficiencia renal, rabdomiólisis (destrucción de las células musculares) y dificultad para respirar, entre otras cosas (para una base de datos sobre los efectos adversos de las estatinas, vea aquí). Los niveles de colesterol inferiores a 150 mg/dL pueden aumentar el riesgo de cáncer, desequilibrios hormonales, depresión, disfunción sexual, pérdida de la memoria, enfermedad de Parkinson, diabetes tipo 2, accidente cerebrovascular, suicidio y comportamiento violento.

A medida que los científicos están empezando a entender las complejidades del papel del colesterol en el funcionamiento de nuestras billones de membranas celulares, incluyendo los detalles del transporte de nutrientes a través de las membranas, están comenzando a darse cuenta de cuán mala idea es todo este negocio de las estatinas. Bueno, al menos algunos se están dando cuenta. Según algunos investigadores:

“Las directrices actuales fomentan la reducción ambiciosa del colesterol a largo plazo con estatinas para disminuir los casos de enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, al regular la biosíntesis del colesterol, potencialmente cambiamos la forma y función de todas las membranas celulares desde la cabeza hasta el dedo del pie. A medida que la investigación sobre la morfología celular y la función de las membranas celulares reconoce que existen más dependencias de las membranas lipídicas ricas en colesterol, nuestra comprensión clínica de la inhibición a largo plazo de la biosíntesis del colesterol también está cambiando”. (Wainwright, Mascitelli y Goldstein, 2009, p. 289)

Cuando restringimos las grasas animales orgánicas producimos membranas celulares altamente inestables y disfuncionales. Este efecto nocivo tiene consecuencias muy graves. Y los médicos, desafortunadamente, no parecen estar recibiendo esta información.

La última década de investigación ha demostrado la importancia de las membranas ricas en colesterol y sus implicaciones fundamentales para nuestro cerebro y tejido nervioso, el sistema inmunológico y todas las áreas donde las lipoproteínas son creadas, secretadas, administradas y utilizadas. El colesterol es tan vital para la formación y el correcto funcionamiento del cerebro que las neuronas requieren que las células cerebrales segreguen colesterol adicional. ¡No es de extrañar que algunas personas pierdan la memoria con la terapia de estatinas!

Los medicamentos estatínicos también perjudican la secreción de mielina nueva, el revestimiento graso que cubre las células nerviosas y facilita su acción. La conexión entre el colesterol y su papel fundamental en el sistema inmunológico y en la membrana celular también debe tenerse en cuenta cuando se trata de enfermedades autoinmunes.

Las directrices modernas dicen que es deseable tener un nivel de colesterol total de menos de 200 mg/dL. Cuando estaba en la escuela de medicina, que no fue hace mucho tiempo, el límite superior era de 240 mg/dL. Antes solía ser de 280 mg/dl. Aparentemente, en 1970, la regla general para un colesterol sérico saludable estaba en el rango de los 200 para arriba. Ahora la mayoría de los médicos tratan de mantener el colesterol por debajo de 200, algo que para la mayoría de las personas es muy difícil (si no imposible) de lograr sólo a través de cambios en la dieta y el estilo de vida. Desde entonces, las estatinas como Lipitor se convirtieron en uno de los medicamentos más vendidos en la historia (Angell, 2005).

Las directrices europeas sobre prevención de enfermedades cardiovasculares en la práctica clínica (Piepoli et al., 2016) recomiendan que los pacientes de alto riesgo reduzcan su colesterol LDL a menos de 70 mg/dL (<1,8 mmol/L) o “una reducción de al menos el 50% si la línea de base está entre 70 y 135 mg/dL (1,8 y 3,5 mmol/L)”. (Ibid., p. 2331) Convenientemente, las compañías farmacéuticas tienen el medicamento justo para una reducción tan drástica. Por ejemplo, Orvatez de Merck que combina ezetimibe (que bloquea la absorción del colesterol) y atorvastatina (una estatina) puede reducir el colesterol LDL a 50 mg/dL. ¡Merck destaca en una tabla hecha para los médicos que si un paciente tiene una línea de base de colesterol LDL de 70 mg/dL, LDL objetivo debe ser de 35 mg/dL! Y no soy la única que ve un problema con esto. Como dice tímidamente la Clínica Mayo:

“No hay consenso sobre cómo definir los niveles muy bajos de colesterol LDL, pero serían considerados muy bajos si es menor a 40 miligramos por decilitro de sangre… los niveles muy bajos de colesterol LDL pueden estar asociados con un mayor riesgo de cáncer, apoplejía hemorrágica, depresión, ansiedad, nacimiento prematuro y bajo peso al nacer si su colesterol es bajo mientras está embarazada.”. (Lopez-Jimenez, 2015, párr. 2-3)

Las directrices europeas antes mencionadas incluyen una cláusula de exención de responsabilidad donde podemos leer los siguiente:

“Las directrices no invalidan, de ninguna manera, la responsabilidad individual de los profesionales de la salud de tomar decisiones apropiadas y precisas teniendo en cuenta la condición de salud de cada paciente y en consulta con el paciente y, cuando sea apropiado y/o necesario, con el responsable del paciente. Las directrices del ESC tampoco eximen a los profesionales de la salud de tomar en consideración las recomendaciones o directrices oficiales actualizadas y pertinentes emitidas por las autoridades sanitarias públicas competentes, con el fin de gestionar el caso de cada paciente a la luz de los datos científicamente aceptados conforme a sus respectivas obligaciones éticas y profesionales. Es también responsabilidad del profesional de la salud verificar las normas y regulaciones aplicables relativas a los medicamentos y dispositivos médicos en el momento de la prescripción”. (Piepoli et al., 2016, p. 2315)

Como tengo una experiencia de primera mano sobre la forma en que se realiza la investigación en Europa, y más concretamente en Italia, decidí echar un vistazo a los formularios de divulgación de los expertos que participan en el desarrollo de estas directrices. Sucede que no hay ningún hipervínculo directo a la divulgación de la versión electrónica. Lo encontré enlazado en una fuente más pequeña en la última sección del menú en una página distinta de su sitio web escardio.org. Después de un tiempo uno se vuelve bueno indagando estos detalles que muy pocos han sido entrenados para buscar o están interesados en ellos. La declaración de interés es un archivo PDF de 35 páginas en el que se especifica que “el informe que figura a continuación enumera las declaraciones de interés comunicadas al ESC por los expertos que se ocuparon del período de elaboración de las directrices, desde la creación del grupo operativo hasta su publicación”. (Disponible en https://www.escardio.org/static_file/Escardio/Guidelines/DOI_CVDPrevention.pdf)

Es decir, la declaración de intereses sólo cubre los años 2014 y 2015, y no es emitida por un tercero. La mayoría de los autores tiene tantos lazos con las Big Pharma (las grandes empresas farmacéuticas) que su declaración de interés puede tomar una página entera. El lector puede divertirse buscando el patrocinio de las Big Pharma durante los años no cubiertos tanto para los patrocinadores como para los pocos autores que no tuvieron nada que declarar en 2014 y 2015. Desafío a cualquiera a que encuentre al menos un autor que haya decidido asistir solamente a conferencias que no hayan sido financiadas por las Big Pharma como regla general para toda su carrera.

Como dice Marcia Angell, profesora principal de medicina social en la escuela de medicina de Harvard y ex editora del New England Journal of Medicine:

“Si las compañías farmacéuticas y los educadores médicos estuvieran realmente proporcionando educación, los médicos y las instituciones académicas les pagarían por sus servicios. Cuando usted toma clases de piano, le paga al profesor, no al revés. Pero en este caso, la industria paga a las instituciones académicas y al profesorado, e incluso a los médicos que toman los cursos. Las empresas simplemente están comprando el acceso a la facultad de medicina y a los médicos en formación y practicantes.

Esto es mercadotecnia disfrazada de educación. Es evidentemente absurdo recurrir a las empresas para obtener una educación crítica e imparcial sobre los productos que venden. Es como pedirle a una cervecería que le enseñe sobre el alcoholismo, o pedirle a un distribuidor de Honda que le recomiende qué coche comprar. Los médicos reconocen esto en otras partes de sus vidas, pero se han convencido a sí mismos de que las compañías farmacéuticas son diferentes. El hecho de que la educación patrocinada por la industria es una burla, se enfatiza por el hecho de que algunas de las agencias publicitarias más grandes de Madison Avenue, contratadas por las compañías farmacéuticas para promover sus productos, también poseen sus propias compañías de educación médica. Es una tienda completa para la industria. […]

Es fácil culpar a las compañías farmacéuticas por una gran parte de lo que he descrito, y ciertamente merecen mucha culpa. La mayoría de las grandes compañías farmacéuticas han pagado enormes multas para liquidar las acusaciones de actividades ilegales. El año pasado, Pfizer se declaró culpable y accedió a pagar $2.3 mil millones para saldar cargos criminales y civiles de mercadeo de drogas para usos fuera de las indicaciones, la multa criminal más grande de la historia. Las multas, si bien son enormes, siguen siendo reducidas en comparación a los beneficios generados por estas actividades, por lo que no son muy disuasorias. Sin embargo, los apologistas podrían argumentar que, a pesar de sus transgresiones legales, la industria farmacéutica está simplemente tratando de hacer su trabajo fundamental (más allá de los intereses de sus inversionistas) y a veces simplemente va demasiado lejos.

Los médicos, las escuelas de medicina y las organizaciones profesionales no tienen tal excusa; la única responsabilidad fiduciaria de la profesión médica es con los pacientes y el público.” (Énfasis añadido) (Angell, 2010, párrs. 35 a 36,39 a 40)

Si tan sólo los profesionales de la salud en general se opusieran al conflicto masivo de intereses de las industrias farmacéutica y alimentaria y su papel en la corrupción de la ciencia médica, no habríamos llegado al punto en el que hay pautas que aconsejan la reducción del colesterol a niveles nunca vistos antes en los registros médicos. Se habría seguido otra línea de investigación donde los factores dietéticos y medioambientales y su papel en la inflamación y nuestra salud jugarían un papel más importante. Con suerte nos despertaremos pronto, de lo contrario nos arriesgamos a una pauta que recomienda que los niveles de colesterol LDL sean igual a cero. Suena a una locura, pero luego pensé que un objetivo de 35 mg/dL de LDL sorprendería a los médicos convencionales y los llevaría a darse cuenta del absurdo de estas recomendaciones, y eso no parece haber ocurrido.

Las estatinas se encuentran entre las drogas más rentables en la historia del mundo. Esas ganancias compran mucha propaganda: cabilderos, publicidad y marketing para los médicos y educación médica continua gratuita. Piense en lo que una pequeña parte de sus ganancias masivas podría hacer por la prevención si se invirtiera en la educación pública hacia una dieta verdaderamente saludable. Piense en todas las enfermedades que desaparecerían de la faz del planeta. Pero esperar que una corporación corte voluntariamente su principal fuente de ganancias es un sueño imposible. Aunque supieran la verdad sobre la dieta, lo mantendrían como el secreto mejor guardado de la historia.

Realmente no es del interés del fabricante de medicamentos que la gente tome decisiones dietéticas saludables. Por lo tanto, en lugar de promover estrategias de prevención, los medicamentos para el colesterol continúan generando ganancias sin precedentes y provocando problemas de salud y efectos secundarios en las personas que los toman. Esas personas con problemas de salud pueden ser tratadas con más medicamentos. ¿Cuántas personas conoce que toman múltiples medicamentos para varias dolencias? No importa si la causa es la negligencia o la ignorancia, porque el resultado es el mismo.

Sólo su propia conciencia puede cambiar las cosas. El público está despertando gradualmente al hecho de que las estatinas son prácticamente inútiles para la gran mayoría de las personas que las toman, y por otro lado conllevan riesgos significativos.

Un grupo de eminentes médicos, entre ellos el presidente del Royal College of Physicians, Sir Richard Thompson, argumenta en una carta de declaración que un médico que defiende estos medicamentos puede fácilmente parecer mal informado, sesgado o simplemente estúpido ante los ojos de sus pacientes. Según uno de los firmantes de la carta, el Dr. David Newman, Profesor Adjunto de Medicina de Emergencia y Director de Investigación Clínica de la Escuela de Medicina Mount Sinai:

“Siempre me siento avergonzado cuando tengo que decirles a los pacientes que nuestras pautas de tratamiento fueron escritas por un panel lleno de personas que estaban en posición de ganar dinero por medio de sus decisiones. El caso del Reino Unido ciertamente no parece ser diferente al de los Estados Unidos. La verdad es que para la mayoría de las personas con un bajo riesgo de enfermedad cardiovascular, una estatina les causaría diabetes con tanta frecuencia como con la que les prevendría de un ataque cardíaco no fatal, y no vivirían más tiempo tomando la píldora. Eso no es lo que buscan los pacientes.” (Briffa, 2014, párr. 20)

La carta fue dirigida al presidente de NICE, el National Institute for Health and Care Excellence en el Reino Unido. En la carta, la propuesta de reducir el umbral para recetar estatinas a aquellos con un riesgo del 10% de enfermedad cardiovascular se rechaza abordando seis preocupaciones principales (carta disponible en www.nice.org.uk/Media/Default/News/NICE-statin-letter.pdf):

  1. La medicalización de millones de individuos sanos.
  2. Niveles conflictivos de eventos adversos.
  3. Datos ocultos.
  4. Sesgos de la industria.
  5. Pérdida del secreto profesional.
  6. Conflictos de interés.

Así que de nuevo vemos directrices escritas para favorecer a la industria y al exceso de medicación de millones de personas.

Irónicamente, los mismos expertos de algunas de estas directrices están en desacuerdo y piden a grupos de expertos como el Panel de Tratamiento para Adultos (ATP por sus siglas en inglés) IV que “abandonen el paradigma de tratar a los pacientes con metas de LDL” (Hayward & Krumholz, 2012).

Cegados por los números, los médicos verán los niveles de LDL en 70 y dirán que sus pacientes están bien. Podrían no ver lo que en realidad podría estar frente a sus ojos, una persona con un aspecto enfermizo y deficiencias nutricionales. Piel agrietada, libido hundida, pérdida de músculo, problemas de memoria, desequilibrios de azúcar en la sangre, envejecimiento prematuro, ¡pero oye, los números de colesterol están justo como deben estar! Es asombroso ver cómo nosotros, como médicos, hacemos tan poco uso del pensamiento crítico, centrándonos sólo en directrices arbitrarias dictadas por las mismas compañías que venden los medicamentos que son lo único que hace posible esas cifras. Hablar sobre un punto ciego colectivo facilitado por décadas de escolarización programada. Incluso cuando un paciente señala: “¡Pero yo no como grasas ni sal y estoy empeorando!”, podríamos no lograr conectar los puntos.

Como si esto no fuera suficiente, aquí hay otro poco de ironía. En un estudio, el uso de estatinas se asoció con microalbuminuria (Van Der Tol et al., 2012). La microalbuminuria es un marcador de la función endotelial pobre y su función endotelial determina el riesgo de enfermedad cardiovascular. La microalbuminuria también es un marcador de problemas renales.

De manera similar, en un estudio de casi 26,000 beneficiarios de Tricare (el sistema de salud militar en Estados Unidos), quienes tomaban estatinas para controlar su colesterol tenían 87 por ciento más probabilidad de desarrollar diabetes. La investigación confirmó los hallazgos anteriores sobre la relación entre las estatinas y el riesgo de diabetes, pero es una de las primeras en mostrar la conexión en un grupo relativamente saludable de personas. El estudio incluyó sólo a personas que en la línea de base estaban libres de enfermedad cardíaca, diabetes y otras enfermedades crónicas graves (Veterans Affairs Research Communications, 2015).

En este mismo estudio, el uso de estatinas también fue asociado a un riesgo muy elevado de complicaciones relacionadas a la diabetes. Entre 3351 pacientes en condiciones similares (parte del grupo general del estudio) los pacientes que tomaban estatinas tenían un 250 por ciento más de probabilidad de desarrollar diabetes con complicaciones que su contraparte (Mansi, Frei, Wang, & Mortensen, 2015). Los usuarios de estatinas también tenían 14 por ciento más de probabilidad de volverse obesos o tener sobrepeso después de consumir las drogas. El estudio también encontró que cuanto mayor sea la dosis de cualquiera de las estatinas, mayor será el riesgo de diabetes, complicaciones diabéticas y obesidad. Irónicamente, son aquellos que han tenido un episodio de enfermedad cardiovascular a los que se les recetan dosis más altas de estatinas.

Además, el uso más frecuente de estatinas se asocia con la aceleración de la calcificación de la arteria coronaria y la arteria aórtica, las cuales contribuyen en gran medida a la mortalidad cardiovascular y por todas las causas (Saremi, Bahn y Reaven, 2012). Una evaluación de miles de individuos sin enfermedad cardiovascular conocida y sometidos a una angiografía coronaria por CT que visualiza la aterosclerosis, concluyó que el uso de estatinas está asociado con una mayor prevalencia y extensión de las placas coronarias que poseen calcio (Nakazato et al., 2012). Por lo tanto, los médicos podrían estar recetando un medicamento que contribuye a la aparición de lo que están tratando de prevenir.

Mientras tanto, la gente está alcanzando niveles cada vez más altos de corazones calcificados. Durante la cirugía del corazón, el instrumento quirúrgico conocido como “devorador de huesos” termina siendo utilizado para reemplazar las válvulas que deberían haber permanecido sedosas y suaves. Sé de lo que hablo después de presenciar y realizar miles de cirugías a corazón abierto en tres países diferentes.

Dos cirujanos vasculares importantes han resumido las estatinas en un informe condenatorio llamado “The Ugly Side of Statins. Systemic Appraisal of the Contemporary Un-Known Unknowns” (“El lado feo de las estatinas”. Valoración Sistémica de los Desconocidos Contemporáneos”). En el informe dicen: “La industria de la estatina es la tragedia médica más grande de todos los tiempos”, y que “las estatinas están asociadas con el triple de riesgo de calcificación de la arteria coronaria y aórtica”. (Sultan & Hynes, 2013, p. 180,183)

La situación no es bonita. Las décadas de propaganda masiva antigrasa nos han lavado el cerebro a todos sin excepción. Al ser interrogado acerca de sus hábitos alimenticios, un paciente podría recordar culpablemente todas las grasas que comió y pensar que ésas son la causa de sus problemas de salud. No importa que coman mayormente carbohidratos, o que la mayoría de las grasas que consumen sean de la variedad de aceites procesados, plásticos y vegetales. Por orden de los médicos, eliminan la grasa animal de sus dietas, aumentando así los carbohidratos y aceites vegetales, los dos pasos que deteriorarán su salud. Cuando y si los niveles de colesterol deseados no se logran con estas medidas, entonces el médico no tiene otra opción que recurrir a una estatina.

Sin embargo, existe un pequeño porcentaje de personas que genuinamente tiene una predisposición genética a altos niveles de colesterol en la sangre, llamada hipercolesterolimia, la cual es una condición que se caracteriza por una deficencia o falta de habilidad de metabolizar el colesterol. Esta condición puede tener serias consecuencias de salud y los que la padecen podrían necesitar intervenciones médicas que bajen sus niveles de colesterol. Pero eso no significa que esto se pueda extrapolar a todas las personas que no tienen esta condición genética.

La investigación médica no ha demostrado que la reducción del colesterol (o los bajos niveles) por sí sola reduzca el riesgo de muerte por enfermedad cardíaca en una población (Siri-Tarino, Sun, Hu & Krauss, 2010; Chowdhury et al., 2014). Los hombres con niveles de colesterol muy bajos parecen propensos a la muerte prematura. Cuando está por debajo de 160 miligramos por decilitro (mg/dl), cuanto menor sea el nivel de colesterol, menor será la esperanza de vida. Estos hombres mueren de cáncer, enfermedades respiratorias y digestivas y traumatismos (Smith, 1997). En cuanto a las mujeres, en todo caso, cuanto más alto es el colesterol, más tiempo parecen vivir (Teicholz, 2014).

A pesar de estos hechos, se estima que para el 2020, los ingresos de las ventas de estatinas alcanzarán un billón de dólares. No importa que la mayoría de las personas que toman estos medicamentos no están en riesgo de enfermedad cardíaca.

Referencias

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Sobre el autor:

I’m a former heart surgeon who after learning all about the heart and repairs of same from a strictly mechanical point of view, had decided to embark on a healing journey. I was born into a mixed Eastern-Western family and I’ve had the amazing opportunity to live in several countries. I currently work as a countryside family doctor and I spend my time researching all things related to health and wellness and the true nature of our world.
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